Quienes son o eran “el grupo de los seis” ?

Todos los extraditados jefes paramilitares declaran ahora que los verdaderos patronos de los paramilitares eran o son los grupos de poder en Colombia. El mismo Carlos Castaño menciona en su libro “Mi confesión”, con prólogo de la franquista Salud Hernández Mora, periodista de un vespertino español, que las verdaderos “arañas” del terrorismo paraestatal eran el “Grupo de los seis”, un grupo entendido como los más poderosos oligarcas, generales y políticos en Colombia. Son los responsables por el genocidio político-sindical de la Unión Patriótica, los tres mil sindicalistas exterminados, los desaparecidos y toda una gama de redes sociales y políticas en los barrios y en los campos colombianos que han sido eliminados, dejando sólo un cascarón de estructura.

si usted sabe o tiene idea de quienes pueden conformar ESTE MACABRO GRUPO deje su comentario aqui!!!!!!

4 comentarios el “Quienes son o eran “el grupo de los seis” ?

  1. TOMADO DEL DIARIO LA REPUBLICA ENERO 2007 : http://www.larepublica.es/spip.php?article4199

    Le ha estallado en las manos al presidente de Colombia, Alvaro Uribe, la política de impunidad con la que intentaba legalizar a los paramilitares para consolidar su proyecto de dominación nacional: ha tenido que dimitir la ministra de Relaciones Exteriores, María Consuelo Araújo, porque su padre y dos hermanos están acusados de ser complíces de los crímenes de los escuadrones de la muerte. Además las investigaciones sobre la alianza política y económica con los grupos paramilitares (asociados con el narcotráfico) conducen hacia el propio Uribe, como demuestra el nuevo libro de Hernando Calvo Ospina titulado COLOMBIA,LABORATORIO DE EMBRUJOS/DEMOCRACIA Y TERRORISMO DE ESTADO. Con la intervención de la Corte Suprema de Justicia contra nueve parlamentarios de la coalición gubernamental uribista,se está comprobando lo que saben en Colombia todos los que no cierran los ojos: el narcoparamilitarismo ha alcanzado con Uribe el corazón del Estado y se adueña del país.Pero lo más preocupante para el presidente es que su mal olor alarma al Congreso de Estados Unidos donde la mayoría demócrata se pregunta “con quién estamos tratando” en el Acuerdo de Libre Comercio y en la financiación de la guerra contrainsurgente. La resistencia política y social colombiana pide la dimisión de Uribe y su enjuiciamiento por la Corte Penal Internacional. El presidente representa lo que ya había reconocido el comandante paramilitar Carlos Castaño hace seis años. En el libro MI CONFESIóN, Castaño le contó al periodista Mauricio Aranguren que los asesinatos de ’subversivos’ se los encargaba EL GRUPO DE LOS SEIS: “Verdaderos patriotas de la más alta sociedad colombiana que me señalaban a quienes debían ser ejecutados”. Los ’santones’ del periodismo colombiano saben quienes son esos SEIS. El silencio es su complicidad.

  2. tomado de verdad abierta: http://www.verdadabierta.com/component/content/article/80-versiones/3858-paramilitares-don-berna-colombia-pedro-juan-moreno

    Los consejeros de los paras según ‘Don Berna’

    El ex jefe paramilitar señaló al ex secretario de Gobierno de Antioquia, Pedro Juan Moreno, y al ganadero cordobés, Rodrigo García, como dos personas que aconsejaban a Carlos Castaño.

    Pedro Juan Moreno Villa pasó de ser incondicional a distanciarse de Álvaro Uribe. Rodrigo García fue detenido en 2009 pero murió dos años después. Fotomontaje VerdadAbierta.com
    En su segundo día de versión libre ante fiscales de la Unidad Nacional de Justicia y Paz, el ex jefe paramilitar y confeso narcotraficante Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, señaló a Pedro Juan Moreno Villa, exsecretario de Gobierno de Antioquia, como uno de los integrantes del ‘Grupo de Notables’ que asesoraba al comandante paramilitar Carlos Castaño Gil.

    El ex jefe los bloques Cacique Nutibara, Héroes de Granada y Héroes de Tolová, así como ex inspector de las Auc, se refirió desde una prisión de Miami al ex funcionario de la Gobernación de Antioquia bajo la administración de Álvaro Uribe Vélez al tratar de explicarle a la Fiscalía en qué consistía el llamado ‘Grupo de los Seis’, reseñado por Castaño Gil en el libro Mi Confesión.

    En esa extensa entrevista describió a sus integrantes como “hombres al nivel de la más alta sociedad colombiana. ¡La crema y nata!”.

    Al respecto, alias ‘Don Berna’ corrigió la historia y dijo que llamado ‘Grupo de los Seis’ realmente estaba conformado por doce personas a los que el comandante Castaño acudía con regularidad.

    “Yo lo llamaría el ‘Consejo Superior’: daba orientaciones en la parte política en la lucha contra la guerrilla y al que Carlos consultaba decisiones trascendentales”.

    De acuerdo con las explicaciones de Murillo Bejarano, este grupo apoyaba a los paramilitares desde su nacimiento y su interés era que las Auc evitaran acuerdos con estos grupos insurgentes y continuaran con su confrontación antisubversiva hasta que no hubiera ni un guerrillero en Colombia.

    “Las autodefensas era una organización político-militar, con una propuesta para el país que se identificaba con unos sectores interesados en que en Colombia se mantuviera la democracia y que la guerrilla no tuviera espacio ni la posibilidad de triunfar. Nuestra guerra no solo era militar sino ideológica y política”, indicó alias ‘Don Berna’ y agregó que el ‘Grupo de los Notables’ se disolvió en el año 2004, una vez se constató la desaparición y muerte de Carlos Castaño.

    Uno de los momentos tensos de la versión libre fue cuando los fiscales que conducían la audiencia le preguntaron al ex jefe paramilitar sobre quiénes integraban ese grupo. “De manera muy atenta solicito a la Fiscalía obviar esta pregunta y más adelante la ampliaré, ya que por razones de seguridad me preocupa responder ahora”, respondió Murillo Bejarano.

    Ante la insistencia de la representante del ente acusador por conocer los nombres de las doce personas que asesoraban a la comandancia de las Accu, el exparamilitar dijo: “hay unos que ya fallecieron, como Rodrigo García y Pedro Juan Moreno, pero hay otros que están vivos y siguen teniendo algún tipo de injerencia en la vida nacional”.

    Rodrigo García Caicedo fue un líder del Partido Conservador y directivo del Fondo Ganadero de Córdoba; por varios años padeció las secuelas de la extorsión y la muerte de sus reses que le infligía la guerrilla del Epl y sobrevivió a los atentados realizados por las Farc en su contra.

    Los constantes ataques de la subversión lo llevaron a convertirse en uno de los principales consejeros de Carlos Castaño, así como uno de sus financiadores. Por sus nexos con el paramilitarismo fue detenido el 23 de enero de 2009 en Montería y murió dos años después, el 24 de febrero de 2011.

    Por su parte, Pedro Juan Moreno Villa fue un exitoso ingeniero y comerciante de la ciudad de Medellín, quien llegó a la política a través del Partido Conservador, siendo elegido concejal de Medellín, luego diputado y Representante a la Cámara.

    En las elecciones de 1994 hizo parte de la campaña de Álvaro Uribe Vélez a la Gobernación de Antioquia, quien una vez electo para el periodo 1995-1997, lo llamó para que ocupara la Secretaría de Gobierno, donde alcanzó fama de “matón, de loco y atravesado”, descripción que, según le confesaba a la prensa, no le molestaba.

    Debido a su enconado odio contra la izquierda, se convirtió en un ejemplo del pensamiento de derecha en el país. Y según alias ‘Don Berna’, “siendo Secretario de Gobierno de Antioquia, Pedro Juan era uno de los asiduos visitantes de Carlos”.

    Desde ese cargo, y en medio de grandes polémicas nacionales e internacionales, impulsó las llamadas de cooperativas de seguridad y vigilancia privada, que eran conocidas como Convivir. Varios paramilitares que hoy están desmovilizados y están postulados a los beneficios de la Ley 975 han confesado que esas organizaciones fueron las fachadas de las Accu y las Auc en diversas subregiones de Antioquia.

    Moreno Villa perdió la vida junto a su hijo y a dos personas más en un accidente aéreo ocurrido el 24 de febrero de 2006 cuando se desplazaba hacia la subregión del Urabá en desarrollo de su campaña política al Senado de la República.

    Influencia de los ‘Notables’
    En su declaración a los fiscales de Justicia y Paz, el postulado Murillo Bejarano destacó dos ejemplos en los cuales quedó en evidencia la influencia del ‘Grupo de Notables’: de un lado, los obstáculos a un eventual acercamiento de la cúpula de las Auc con el comando central de la guerrilla del Eln a finales de la década del noventa; de otro, el asesinato del activista de derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo.

    De acuerdo con alias ‘Don Berna’, a mediados de 2000 el comandante Carlos Castaño recibió en uno de sus campamentos de Córdoba a Carlos Alonso Lucio, quien llegó hasta allí con la idea de impulsar un acercamiento con el comando central del Eln, particularmente con Nicolás Rodríguez Bautista, alias ‘Gabino’, y buscar salidas a la confrontación armada.

    Castaño aceptó la propuesta y acordaron hacer consultas cada uno en sus estructuras armadas.

    Lucio partió en un helicóptero hacia la Serranía de San Lucas, en el sur de Bolívar, donde estaba asentado el comando central del Eln en un helicóptero de los paramilitares y regresó a Córdoba con la noticia de que había disponibilidad para los acercamientos; y de otro, el comandante de las Auc viajó a Montería a exponerle el tema a Rodrigo García Caicedo, ganadero y miembro del ‘Grupo de los Notables’.

    “En las horas de la noche, nos desplazamos Carlos y yo a una finca cerca a la ciudad de Montería, donde nos reunimos con el señor Rodrigo García y se le explica el proceso que se lleva con el Eln. Inicialmente, no está de acuerdo, pero dice que tiene que consultar con las otras personas y nos conmina a regresar al día siguiente. Al volver, el ganadero le ratificó lo dicho: el ‘Grupo’ no acepta acuerdos con el Eln, se oponen totalmente”, precisó Murillo Bejarano.

    De acuerdo con lo relatado por el ex jefe paramilitar, la noticia entregada por García Caicedo no le cayó bien a Carlos Castaño, quien se había hecho grandes expectativas, y una vez en el campamento paramilitar y en estado de ebriedad le ordenó a sus escoltas que amarraran a Lucio en un árbol y lo dejaran allí toda la noche con la intención de asesinarlo al día siguiente.

    “Allí estábamos Salvatore Mancuso y yo, y disuadimos a Carlos de que no fuera a cometer semejante imprudencia y le recomendamos que lo mejor era dejar ir a Lucio, tal como ocurrió”, indicó ‘Don Berna’.

    Este ex jefe paramilitar expuso otro ejemplo que demuestra la injerencia del ‘Grupo de Notables’ entre la comandancia paramilitar. Se trató del asesinato del abogado y activista en derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo, perpetrado en Medellín el 27 de febrero de 1998.

    Según el postulado, el homicidio de Valle Jaramillo fue la respuesta a sus denuncias por las acciones desplegadas por estructuras paramilitares en el municipio de Ituango, su tierra natal, donde se perpetraron las masacres de El Aro y La Granja. Según alias ‘Don Berna’, quien incitó este crimen fue Pedro Juan Moreno Villa.

    La molestia del exfuncionario se debía a que el jurista, desde su posición como Presidente del Comité Permanente de Derechos Humanos, Seccional Antioquia, venía denunciando la connivencia de sectores del Ejército adscritos a la IV Brigada con grupos paramilitares en el norte del departamento, razón por la cual fue denunciado penalmente por un soldado de esa guarnición militar semanas antes de su asesinato.

    Finalmente, Murillo Bejarano reiteró que este tipo de acciones urbanas tenían el respaldo de la Fuerza Pública y aclaró que una de las personas condenadas por este caso, llamado Isaías Montes Hernández, no tuvo nada que ver con el crimen, el cual fue perpetrado por sicarios de la banda La Terraza, quienes posteriormente murieron en la confrontación con las Auc.

  3. por aqui habra que buscar:

  4. tomado de: http://www.desdeabajo.info/ediciones/item/4978-%C2%BFd%C3%B3nde-est%C3%A1-el-grupo-de-los-seis?.html

    Atrocidades. Horror. Realidad aún incompleta. Así lo confirman los paramilitares mismos: en su recorrido macabro por todo el país, en cerca de 20 años de terror masacraron a 20.979 connacionales. Además, de acuerdo con la información procedente de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación, conocida el 13 de julio de 2008 y difundida por Caracol Radio, “los desmovilizados del paramilitarismo anunciaron que van a confesar la desaparición forzada de 1.776 personas y el reclutamiento de 1.020 menores de edad, así como haber cometido 648 secuestros y 1.493 extorsiones”. Con silencio y complacencia del poder político y militar local, comprobado mediante la investigación que se sigue –tomando en consideración la sola Fiscalía– contra 140 integrantes de las Fuerzas Armadas y 196 dirigentes políticos vinculados a investigación por las mismas declaraciones de los paramilitares.

    De acuerdo con el propio informe, los paramilitares se comprometieron a confesar, además, 368 episodios de desplazamiento de población en varios lugares del país. El informe enfatiza que “hasta el momento, los fiscales han recibido la confesión de 968 desapariciones forzadas, el reclutamiento de 380 menores de edad, 425 extorsiones y 132 secuestros, así como 78 episodios de desplazamientos masivos”. Sobre esta base, la Fiscalía compulsa copias de investigación a 28 senadores, 16 representantes a la Cámara, 115 alcaldes, 12 gobernadores y 25 concejales presuntamente vinculados con actividades del paramilitarismo. Este reconocimiento es apenas una parte de la verdad no revelada hasta ahora.

    Esta verdad se acerca al inmenso episodio de violencia que ha desangrado al país, pues defensores de derechos humanos sostienen que en Colombia los asesinados por los paramilitares durante los últimos 20 años superan la cifra de 50 mil personas. El número de víctimas por violencia en general –callejera, para robar, homicidios culposos, etcétera– en los últimos 10 años llega a 300 mil connacionales.

    Las denuncias y testimonios así parecen confirmarlo, sin que la gente se escandalice suficientemente, pues, para el común de los ciudadanos, una de las secuelas no tangibles de estos acontecimientos es la pérdida de la capacidad de asombro ante hechos de tal envergadura, lo cual refleja un deterioro de la escala de valores que debe conservar todo pueblo. Ello conduce a un fenómeno que la sociología denomina anomia, es decir, a un “conjunto de situaciones que se derivan de la carencia de normas sociales o de su degradación”.

    En la Fiscalía reposan más de 220 mil denuncias procedentes de víctimas directas del paramilitarismo (y esto, pese, como se sabe, a las amenazas que afectan a muchas comunidades para que no denuncien), bien por homicidio de algún familiar, bien por desplazamiento, bien por usurpación de tierra.

    En sus declaraciones, los paramilitares también reconocen a oficiales y líderes políticos de los partidos tradicionales que serán involucrados en investigaciones, en la medida en que se reabran procesos cerrados –por falta de testigos–, algunos de ellos fallados por la justicia internacional como crímenes de Estado, pero también en cuanto sean escuchados en audiencia numerosos dirigentes paramilitares que hasta ahora callan y guardan información. No han dicho todo.
    Destrucción de comunidades y de la unidad nacional
    El persistente terror, orientado hacia múltiples comunidades, produjo sus frutos: generó pánico, desunió, quebró liderazgos históricos, desmovilizó núcleos poblacionales enteros, obligó a miles de miles a dejar su terruño, encerró en el mayor mutismo a no pocas comunidades. No era para menos.

    A la luz del informe de la Unidad de Justicia y Paz de la Fiscalía, hasta el momento se han abierto 1.906 fosas comunes de las cuales se han exhumado 2.329 cadáveres. Son fosas diseminadas por todo el territorio nacional. Pero además, como se reconoce también por parte de los agentes del terror, para ocultar los cadáveres no pocas personas fueron mutiladas, picadas, lanzadas a los ríos, cremadas en hornos especialmente construidos para tal fin o tiradas como alimento a pozos repletos de caimanes. Esto entraña saña y doble crimen llevados a cabo a partir de las experiencias de otros países y otras guerras, con precisión de efectos psicológicos, morales y físicos. Por ello, se trata de una violencia ejercida con sevicia, y para producir efectos meditados y claramente calculados. Nada es ocasional en esta guerra y en este monopolio del poder.

    Toda una acción ¡racional-demencial! con claros propósitos políticos y económicos, con fines de destrucción del tejido social, de acumulación de millones de hectáreas de tierra en pocas manos; de puesta en marcha de inmensos proyectos agrícolas, mineros y energéticos en diferentes rincones del país; y de defensa, conservación y concentración del poder político en manos de la alianza oligárquica y de sectores económicos emergentes.

    Con insuficientes acciones de oposición política o con valor civil menguado, estos son el propósito y el resultado final de la masacre persistente, continua, llevada a cabo ante los ojos de la crema y nata del país y su poder nacional y económico, la justicia, los organismos secretos con asesoría internacional y las instituciones armadas en deshonra. y los poderes locales y las autoridades civiles de cientos de municipios.
    Autores intelectuales
    ¿Se puede explicar esta macabra acción como la simple decisión de un grupo de dementes? No. El nombre mismo que designa a sus autores –“paramilitares”– precisa con exactitud el origen y el sentido de su violencia, lo cual implica que se formulen un porqué y un paraqué que obligan a preguntar por los financiadores y los instigadores intelectuales de toda esta estrategia de muerte.

    Sin duda, hasta cuando los nombres de tales personajes salgan a la luz pública, y se les enjuicie por la masacre y el exterminio de los inconformes de todo un pueblo, no habrá justicia ni paz posibles en Colombia. Pero en este punto se requiere dejar en claro que tales crímenes no se cometieron únicamente contra los inconformen o los opositores; también contra pobladores común y corrientes cuya muerte se pensó con frialdad y se produjo como forma de amedrentar.

    Por ahora –y esto es reconocido en Colombia y en el exterior–, se sabe apenas de mandos medios, soldados, mercenarios, unos con mayor grado, otros con cargo menor, lo cual permite entender una parte de lo vivido y sufrido en nuestro país. Pero la verdad profunda de los hechos, los instigadores reales de los mismos y los favorecidos por tales sucesos, permanecen a la sombra. Tal vez, en uso y usufructo de altos cargos públicos, tal vez, dirigiendo grandes empresas, tal vez, haciendo de embajadores en distintos países u ocultos tras sus ropajes profesionales, tal vez, protegidos por banderas extranjeras.

    Se conoce que algunos de ellos, religiosos, políticos y voceros de rancias familias, han fallecido. Otros han recogido sus banderas. ¿Quiénes son? De acuerdo con el tristemente célebre Carlos Castaño, ¡todo!, las órdenes reposaban en las manos y las cabezas del “grupo de los seis”. Entonces, ante los pies y las puertas de la Justicia golpea un inmenso interrogante. Exclamación plural. Desprendida de la garganta de las 220 mil y más víctimas de esa noche de terror que aún no cesa en Colombia.

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