masoneria y poder en colombia

Una venda en los ojos, un lazo en el cuello, el hombro izquierdo por fuera de la camisa y el pie derecho apenas cubierto por una alpargata de fique.

El hombre camina inseguro y se adivina que está nervioso. Va custodiado por un grupo en atavíos de ceremonia, con gorros de fieltro como de turco viejo y delantales de faena, a la usanza del albañil medieval. Avanzan por esos sótanos donde el frío sobrecoge y no se escucha nada diferente al traqueteo de los zapatos de cuero. Es la hora del crepúsculo y ya campea la oscuridad.
Finalmente lo dejan en una suerte de mazmorra a la que debe entrar con la espalda muy arqueada pues la puerta de acceso tiene apenas un metro con veinte. Alguien la cierra. Él se retira el vendaje y en la penumbra se enfrenta a un espectáculo macabro. Las paredes están tapizadas con lápidas y losas mortuorias. Aquí y allá hay letreros intimidantes sobre la vanidad, la envidia, la ira… Cada pecado capital tiene su nicho. Y en el centro del recinto hay un ataúd que contiene una momia amortajada a medias y con una expresión dolorosa en la cara. El ambiente se llena de una bruma pesada y el frío se intensifica pues el viento ha empezado a soplar. En la pared derecha suena la madera de un sarcófago que se está saliendo de su bóveda.
“Si tu alma siente pavor, no prosigas”, reza un cartel que se ubica justo encima del único asiento en este sitio desolador.

Unos 3.000 colombianos han vivido esta experiencia escalofriante y pasaron la prueba, con lo cual ingresaron en la orden masónica. El rito puede tener unos setecientos años, y por medio de su simbolismo se va de la oscuridad a la luz, se acepta humilde cuán efímera es la existencia humana y se entra a esa hermandad universal misteriosa, vilipendiada durante siglos, perseguida por reyes y príncipes, excomulgada 19 veces por los papas desde 1738 y prohibida por algunos gobiernos.

Y aún así, este grupo esotérico muestra en sus archivos una lista muy larga de miembros ilustres que poco parecen tener en común. Hay allí hombres de guerra como Napoleón y Churchill; pero también pacifistas plenos como Gandhi y Luther King; padres fundadores como Bolívar, Washington y Juárez; genios de la música universal como Mozart, Bach y Beethoven, o de las letras como Shakesperare y Göethe. También están Sigmund Freud, Walt Disney, Cantinflas, dos de los tres astronautas que fueron a la Luna por primera vez, y cuatro de los últimos cinco presidentes de Estados Unidos, incluido Obama.

Si hubiera que arriesgar una definición de la masonería habría que decir que es una organización mundial de carácter secreto, exclusivamente de hombres, en la búsqueda de un conocimiento superior, intelectual y metafísico, que se agrupa en logias con símbolos y ritos herméticos que los acercan a los arcanos de la antigüedad pagana. Tienen unos códigos de conducta sometidos a las leyes y a la institucionalidad de cada país donde funcionen, y se consideran hermanos en solidaridad y en el objetivo de avanzar hacia la perfección individual y social.

“Somos básicamente una fuerza moral –dice Cesáreo Rocha, masón grado 33, venerable maestro de la gran logia de Colombia de 1975 a 1979, y ex gobernador del Tolima–. Aplicamos como normas la tolerancia y la no aceptación de ningún dogma. La condición absoluta para ser masón es creer en algún Dios, llámelo como lo quiera llamar. Por eso uno de nuestros símbolos son las letras A.L.G.D.G.A.D.U. que significan A La Gloria Del Gran Arquitecto Del Universo. Una de las mentiras que se cuenta sobre nosotros es que somos ateos”.

En Colombia, el inicio de esta organización se ubica en la gesta de independencia con Bolívar y Santander a la cabeza. El siglo XIX y la primera mitad del XX fueron su edad dorada en lo referente a cercanía con el poder. Así, entre sus cuentas aparecen 42 presidentes desde José Miguel Pey hasta Alberto Lleras Camargo, incluidos Darío Echandía y Eduardo Santos. También, un hombre que estuvo cerca de serlo: Horacio Serpa. Jorge Eliécer Gaitán logró ser admitido pero fue asesinado un mes después, y a Carlos Lleras Restrepo también le dieron el visto bueno antes de llegar al poder, pero doña Cecilia de la Fuente, su esposa, se declaró en desacuerdo y el político prefirió declinar antes que tener líos familiares. César Gaviria nunca lo ha sido, pero su padre y su abuelo sí, e inclusive están enterrados de pie, como corresponde a los librepensadores.

Mientras que países como Chile o Argentina y la mayoría de latinoamericanos tienen una sola Gran Logia, en el país hay seis que agrupan a 76 logias. La más numerosa funciona en Bogotá, tiene alrededor de mil miembros registrados en ocho departamentos y se denomina Gran Logia de Colombia. Las demás están en Cali, Cartagena, Barranquilla, Bucaramanga y Cúcuta. Hubo una en Santa Marta pero fue declarada irregular hace cuatro años, y una en Montería que se dispersó. ¿Y Medellín?, ¿Por qué Medellín no cuenta con una gran logia, y los dos grupos que existen allí dependen de Bogotá?
“La masonería en Antioquia ha sido muy complicada por la estructura profundamente católica de la sociedad paisa y por el conservatismo”, responde Luis Eduardo Botero, masón grado 33, ex magistrado del Consejo Nacional Electoral hasta hace tres años y uno de los dos únicos antioqueños que en 87 años han sido venerables maestros de la Gran Logia de Colombia. El otro paisa en ese cargo, que es la cabeza máxima de la masonería, es el ex ministro y ex congresista Jorge Valencia Jaramillo, quien lo ocupa en la actualidad.

Exceptuando Antioquia, donde la hermandad tuvo serios problemas con la Iglesia Católica en la primera mitad del siglo XX, con amenazas de obispos y cruzadas en su contra que lograron casi desaparecerla y volverla clandestina, y sin contar algunos ataques duros de Laureano Gómez en los años cuarenta, la masonería colombiana no ha sido particularmente perseguida ni señalada. Los únicos casos de hostigamiento o algo similar en tiempos recientes se dieron con la expulsión hace cinco años de dos profesores de la Universidad La Gran Colombia, regida por José Galat, un conservador ultramontano. Los dos docentes eran masones de la Gran Logia de Colombia. Un año después, en ese mismo claustro fue nombrado como profesor Guillermo Montoya Ocampo, maestro masón, pero cuando las directivas se enteraron de eso no le permitieron posesionarse.

Pero si hay una universidad enemiga, también hay una profundamente amiga: la Universidad Libre tiene un fuerte acervo masónico desde su fundación en 1922 por iniciativa del general Benjamín Herrera, masón grado 33. “No puede decirse que la universidad sea de la orden, pero sí comparte la filosofía de librepensamiento y antidogmatismo que están en la esencia de la masonería”, admite el rector Nicolás Zuleta. De los 39 rectores que ha tenido el plantel en 87 años, 25 han sido masones, incluido Zuleta.

La cercanía de esta institución con la logia es tan estrecha que en el museo de la universidad, sede de La Candelaria, funciona una gran sala masónica a la que se accede cruzando unas columnas jónicas de piedra como las que debe tener todo templo de la hermandad. Allí pueden verse los monogramas primordiales del esoterismo masón: el A.L.G.D.G.A.D.U., y el S.F.U. (Salud, Fuerza y Unión). Con este último se saludan entre ellos en un protocolo gestual tan discreto que nadie nota, pero que se constituye en una clave para identificarse en cualquier lugar del mundo. También se aprecian los distintos ornamentos del ceremonial: el mandil (delantal de trabajo), el collar del grado 33, el fez (gorro cónico), la banda bordada en hilos de oro, el mallete (martillo) para abrir y finalizar las sesiones.

Si bien en Colombia, la organización ha disfrutado de una relativa tranquilidad a lo largo de un siglo, en el resto del planeta las cosas han sido a otro precio. Casi desde su nacimiento oficial en 1717 comenzó a construirse una leyenda negra que les atribuye poderes alquímicos y ocultos, vínculos con el satanismo, ritos que implican sacrificios de bebés e inclusive participación en un gran complot mundial para acabar con los sistemas religiosos y políticos y retornar al hombre a la naturaleza y a la razón.

En un barrido por Internet es posible hallar señalamientos que van desde la condena a muerte al rey Luis XVI de Francia por un tribunal masón, hasta la participación de astrólogos de la logia en la planeación de la caída de las torres gemelas, pasando por unos supuestos simbolismos masónicos en el crimen contra John F. Kennedy, el asesinato del archiduque Francisco Fernando que detonó la primera guerra mundial, y la teoría de que Jack el destripador era un masón enloquecido al servicio de la reina Victoria.
En la década de los años ochenta, Italia fue sacudida con el escándalo de la quiebra del Banco Ambrosiano, propiedad del Vaticano, y el asesinato de Roberto Calvi, su presidente. Y detrás de los crímenes estaba un grupo siniestro denominado P2, de la masonería irregular. Hace 15 años fue asesinado Jesús Posadas Ocampo, cardenal de Guadalajara, y Carlos Salinas, mandatario de México, acusó a los masones de ser los responsables.

“Eso ocurre por dos cosas –explica Julio Roberto Galindo, masón grado 32 y miembro de la Academia Colombiana de Historia–. Por un lado, el hermetismo y el uso de símbolos ayudan a alimentar fábulas. Por el otro, la presencia numerosa de masones (como individuos más que como logias) en episodios importantes, a veces actuando contra tiranías, despotismos, regímenes opresivos, nos ha ganado muchos enemigos. Hasta Bolívar, que era masón, nos proscribió al descubrir que en la conspiración septembrina había trece masones”.

El contradictor número uno de la hermandad ha sido el catolicismo. Luego del Concilio Vaticano II y debido a las posturas liberales de los papas Juan XXIII y Paulo VI, en los años sesenta y setenta, se pensó que el Vaticano había levantado la excomunión de casi tres siglos. Sin embargo, un documento del 26 de noviembre de 1983, firmado por el cardenal Jozeph Ratzinger (futuro Benedicto XVI) cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, confirmó que “los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión”.

La masonería, por su lado, no considera incompatible ser católico y masón. El ex magistrado Botero, por ejemplo, acepta que es bautizado y en ocasiones va a la iglesia. “No comulgo, pero por respeto al catolicismo que cree que no debo hacerlo”, afirma él.

Inclusive, en los registros de la Gran Logia de Colombia aparecen inscritos dos sacerdotes católicos en ejercicio que son masones activos y cotizantes. “Es seguro que si sus obispos se enteran van a tener problemas”, asegura un miembro que pide reserva de su nombre.

La sede de la Gran Logia de Colombia es una enorme casa de los años veinte ubicada en la calle 18 con carrera quinta, que perteneció al fundador de Bavaria, Leo Kopp (masón 33), y donde vivió unos años el ex presidente Alfonso López Pumarejo. Contiguo hay un viejo edificio blanco donde funcionan ocho templos, en cuatro plantas. El principal es imponente, con su piso de parqué ajedrezado, las banderas de las 46 logias integrantes, un atril de madera con una Biblia en el centro y sobre ella una escuadra y un compás, símbolos fundamentales de la organización. Al fondo, una especie de sitial de honor sobre un dosel (como un trono) donde preside el venerable gran maestro. Arriba de su cabeza, un escudo con un ojo enmarcado en un triángulo perfecto, el antiquísimo signo esotérico de la divinidad que todo lo ve, símbolo presente también en el billete de un dólar.

La forma en que están organizados los masones mundialmente es una intrincada red de jerarquías en las que se va ascendiendo a través de dos grandes etapas. La primera se llama simbolismo y está compuesta por tres grados: aprendiz, compañero y maestro. El grueso de la hermandad se queda en este trayecto que es la masonería básica, aunque el título de maestro es la gran aspiración de todo iniciado. Inclusive el ritual para llegar a este nivel puede ser aún más espeluznante que el de la primera iniciación, ya que el hermano debe yacer un rato en un féretro y salir de él como hombre nuevo, como alguien que murió a lo que era.

Luego del simbolismo viene una segunda fase que se denomina ‘Escocismo’ pues proviene del llamado Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Esta va del grado cuarto hasta el 33, que es el máximo. El ascenso se produce con el paso de los años por medio de un complejo sistema de méritos que se obtienen básicamente por estudios y trabajos presentados ante el grupo y por la constancia de permanecer en la logia y asistir sagradamente a las reuniones. Es un camino de conocimiento y de inmersión profunda en los misterios de la orden, que casi nunca dura menos de veinte años.

En los templos hay actividad todos los días con las reuniones semanales de las distintas logias que operan en la ciudad. Para poder conformar una de estas se requiere que mínimo existan siete masones de grado tres. Los miembros restantes pueden ser hasta 50 personas de grados uno y dos. Algunos de los nombres de esas logias son Cosmos 50, Murillo Toro, Estrella del Tequendama, Amistad, Forjadores de Igualdad, Tomás Cipriano Mosquera, Pitágoras 28, Hermética 25, Juan el Bautista, Caballeros Hermes Trimegisto, Filantropía Bogotana. Hasta comienzos de 2000 hubo una integrada solo por extranjeros que se llamaba Welcome Lodge.

¿Qué se hace en esos encuentros? “Se analizan problemas nacionales e internacionales, se discute, se presentan trabajos de investigación y ensayos. Lo único que está excluido es tratar de política proselitista o de convicciones religiosas”, asegura Cesáreo Rocha. El rigor del protocolo en estas reuniones es draconiano, al punto de que un aprendiz no puede hablar si no se le permite y no puede pedir la palabra directamente si no a través de intermediarios. Nadie puede ausentarse ni siquiera al baño sin autorización del maestro. El silencio es norma extrema.

Aunque en Colombia hay 90 masones grado 33, por estatutos sólo pueden existir 33 con carácter activo. Ellos conforman el Supremo Consejo Colombiano del Grado 33. Los demás que ostentan el mismo nivel se denominan honorarios y están a la espera de que alguna de las 33 sillas quede vacía para adquirir el derecho de pertenecer al Consejo. La sede del Escocismo queda en el barrio La Soledad, en la calle 39 con carrera 21. Su presidente es Hugo Melo quien recibe el título de Soberano Gran Comendador. Si bien cada logia es autónoma y nadie se puede inmiscuir en sus asuntos internos, sí existe una forma indirecta de autoridad y sujeción. Cada logia debe estar adscrita a una gran logia y esta debe estar reconocida por la Gran Logia de Inglaterra, la madre de toda la masonería básica. Si no es reconocida se considera irregular, o sea por fuera de la orden. El escocismo, por su parte, tiene una casa madre en Washington, donde opera el Supremo Consejo Sur de Estados Unidos.

El 24 de junio de cada año hay elecciones masónicas para elegir al maestro de cada logia y al gran maestro de cada gran logia. Como buenos colombianos, a menudo son muchos los que quieren mandar y esto ha generado refriegas importantes y tensiones en las hermandades. Algunas, inclusive, han terminado en rupturas.

La más conocida en los últimos tiempos fue la que ocurrió en Barranquilla hace tres años. Allí, David Name, miembro del cuestionado clan político, se presentó a elecciones para repetir como gran maestro y fue derrotado. No aceptó la decisión y optó por montar su propio grupo luego de arrastrar a varios integrantes de la Gran Logia Nacional de Colombia (no confundir con la Gran Logia de Colombia, que es la de Bogotá).

Después de un proceso breve, él y sus seguidores fueron declarados irregulares, pero Name consiguió el reconocimiento del Gran Oriente Francés, que es una logia masónica universal de otro rito y considerada espuria por la de Inglaterra. La discrepancia no se detuvo ahí. A finales de 2007, la comunidad del barrio Villa Santos en Barranquilla se opuso a la construcción de una sede masónica en un terreno que hasta entonces era un parque. El alcalde anterior, Guillermo Hoenigsberg (hoy en la cárcel), a través de sospechosos movimientos legales, logró cambiarle el uso a esa zona verde para volverla urbanizable y cederla a la cofradía de Name.

Frente a eso, Ramiro Arteta, gran maestro de la gran logia, tuvo que romper su silencio para aclarar por comunicado que la agrupación metida en el lío del parque no es de la masonería regular. En un párrafo dice textual: (nuestra logia) “no participa en procedimientos que eventualmente vayan en contra del ordenamiento legal de nuestra República o en contra de los intereses de la comunidad”. Aunque no lo mencionó, obviamente se refería a la hermandad de Name.

Con todo, el cisma más profundo de la masonería colombiana se produjo en Bogotá en 1983, también por razones electorales internas. En este caso el enfrentamiento fue de alto nivel porque se dividió el Supremo Consejo del Grado 33 que terminó enfrentado con la Gran Logia de Colombia. La fractura empezó a contagiar varios sitios del país y se organizaron logias irregulares en el Eje Cafetero y en Barranquilla coordinadas por los masones grado 33 que terminaron expulsados.
“Como la ruptura era entre los escocistas hubo que apelar a Washington –cuenta Gustavo Medina, grado 33–. Un total de 217 masones colombianos viajó a Panamá citado por el Supremo Consejo Sur de EE.UU. Allí se reunieron en plena zona del canal, todavía en manos norteamericanas. Todos tuvimos que renunciar previamente a los grados que teníamos y allí de nuevo nos los asignaron”.
Sin embargo, ninguno obtuvo el grado 33 que se perdió por los perjuicios de la pelea. En junio, se protocolizó en Washington el fin del cisma y la mayoría de los grados 33 obtuvo nuevamente su antigua jerarquía. Hubo otra vez reconocimiento de regularidad para el escocismo colombiano.
Otro proceso que significó un fuerte remezón para la orden se produjo en la década de los noventa y tuvo como protagonista el famoso proceso 8.000. Por estatutos, todo masón que se vea involucrado en procesos judiciales y llegue hasta la etapa de juzgamiento debe ser separado del grupo. Con el 8.000 terminaron saliendo de la masonería Fernando Botero Zea, Eduardo Mestre, David Turbay y Alberto Santofimio. Poco después y por otras razones que incluyeron condena por estafa, Carlos Alonso Lucio también fue separado de la logia.

El caso Santofimio ha sido complejo por las consecuencias negativas que ha debido soportar la masonería. En noviembre del año pasado, por ejemplo, cuando el político tolimense fue absuelto por el asesinato de Luis Carlos Galán, una columna del periodista Héctor Rincón dejó sugerido que tras la libertad de Santofimio estaba la logia, en particular el magistrado del Consejo de la Judicatura Hernando Torres Corredor, a quien señalaba de masón.
“Eso no lo hacemos nosotros. En el mundo profano cada quien responde por sus culpas –asegura el ingeniero Córdoba, actual secretario de la Gran Logia de Colombia e hijo de un tataranieto de José María Córdoba, héroe de Ayacucho–. Además, para ese momento Santofimio ya no hacía parte de la masonería, y en nuestros registros no aparece el señor Hernando Torres”.
El actual vicepresidente, Francisco Santos Calderón, manifestó su profundo interés en ingresar a la hermandad. Lo hizo hace unos meses durante el descubrimiento de un busto de su tío bisabuelo, Eduardo Santos, en la casa de la Gran Logia de Colombia. La masonería se mostró complacida de recibirlo y es probable que la entrada se verifique en las postrimerías de este Gobierno. Ahora hay miembros activos como Carlos Restrepo Piedrahíta, uno de los juristas más importantes del siglo XX en Colombia y el abogado Antonio José Cancino, famoso por haber defendido a Ernesto Samper en el proceso 8.000, el general Luis Ernesto Gillibert y general Édgar Peña, ambos ex comandantes de la Policía, el general Camilo Zúñiga, ex comandante de las Fuerzas Militares. El único general activo en la masonería es Freddy Padilla de León, pero hace parte de la masonería irregular, o sea de la disidencia formada por David Name en Barranquilla.
A punto de agotar la primera década del siglo XXI, y ya sin la clandestinidad ni el riesgo de terminar en la pira, los masones siguen dando de qué hablar, de qué especular, de qué imaginar. Eso les mantiene un rescoldo de magia en un mundo que se quedó sin misterios.

(tomado de la revista don juan http://archivo.revistadonjuan.com/articulos/art_masones.html )

2 comentarios el “masoneria y poder en colombia

  1. LES DEJO ESTA ESPECTACULAR INVESTIGACION DE LA REVISTA SEMANA

    SEMANA revela quiénes son y qué hacen los masones en Colombia.

    Cuando el 22 de mayo pasado, día de la elección del nuevo Fiscal General de la Nación, el diario El Espectador publicó una nota en la cual se decía que “en los pasillos de la Corte se rumora que los votos para la elección del sucesor de Valdivieso están bastante parejos entre Alfonso Gómez Méndez y Manuel Urueta Ayola”, muchos colombianos se sorprendieron. Aunque Urueta, un reconocido abogado y magistrado del Consejo de Estado reunía todas las condiciones para ser elegido Fiscal de la Nación, enfrentado a un peso pesado como Gómez Méndez parecía improbable que lograra el respaldo mayoritario de los 23 magistrados de la Sala Plena de la Corte Suprema de Justicia. Por eso el repunte de Urueta en vísperas de que se tomara la crucial decisión hizo pensar a muchos que detrás de los movimientos previos a la elección había algo inusual que a última hora parecía estar inclinando la balanza a su favor. Aunque finalmente Gómez Méndez obtuvo 16 votos y Urueta sólo tres, quienes intuían que tras bambalinas se movía algún poder desconocido tenían razón. Según fuentes allegadas a la Corte Suprema de Justicia, en determinado momento a favor de Urueta pesaron dos hechos: ser costeño y ser masón. Aunque él lo ha negado, Urueta Ayola perteneció a la logia José Hilario López Nº 20 de Bogotá, que hoy está inactiva. El rumor que se escuchó por esa época en la Corte y en ciertos círculos de poder es que el bloque costeño quería que uno de sus paisanos fuera el Fiscal, y para conseguirlo buscaron el apoyo de los nueve masones que se dice hay en ese Tribunal. El encargado de mover los dos bloques, según miembros de la Corte, fue el magistrado de la sala civil Pedro Lafont, quien tenía nexos con ambos grupos por ser costeño y “hermano masón”. Aunque hay quienes podrían sospechar que se trata de uno más de los tantos cuentos que se tejen en los corrillos políticos, todo parece indicar que efectivamente la masonería estuvo en los entretelones de la votación. Este hecho, que a algunos les podría parecer insólito, no tiene sin embargo nada de extraño. A pesar de que su existencia es casi desconocida y quienes han oído hablar de los masones difícilmente podrían explicar qué son y qué hacen, la masonería ha estado presente en los círculos de poder en Colombia desde hace casi dos siglos. Treinta y dos presidentes colombianos han sido masones y si Horacio Serpa gana las próximas elecciones la masonería tendría nuevamente a uno de sus miembros rigiendo los destinos del país. Serpa pertenece a la logia Faro Nº 6 de Barrancabermeja desde hace varios años. Aunque son contadas las ocasiones en las que los masones son mencionados o se pronuncian sobre algún tema, su historia en Colombia ha estado profundamente ligada a la historia del país. Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, Antonio Nariño, Rafael Urdaneta, Tomás Cipriano de Mosquera, José Hilario López, José María Obando, José María Melo, Manuel Murillo Toro, Eduardo Santos, Darío Echandía, Alberto Lleras Camargo y Germán Zea Hernández fueron masones. También lo fueron personas tan reconocidas como Luis Cano, uno de los fundadores de El Espectador, el general Benjamín Herrera, los escritores Luis Eduardo Nieto Caballero y Enrique Santos Montejo (Calibán) y el empresario Leo Kopp. Aunque hoy en día la masonería no tiene el mismo poder que tuvo hasta los años 60, dentro de sus miembros han figurado conocidos políticos, la mayoría de ellos liberales, como Fernando Botero Zea, David Turbay, Eduardo Mestre, Jorge Mario Eastman, Alberto Santofimio, Ricaurte Lozada, Jorge Valencia Jaramillo y Carlos Ardila Ballesteros; el ex gobernador de Cundinamarca Jaime Posada; el ex presidente de Ecopetrol Luis Bernardo Flórez; el abogado Antonio José Cancino; el ex comandante de las Fuerzas Armadas general Camilo Zúñiga Chaparro; hombres de letras como Germán Arciniegas; hombres de negocios como Julio Andrés Camacho y Eduardo López Obregón; el rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Evaristo Obregón; el ex rector de la Universidad de los Andes Mario Latorre artistas como el pintor Armando Villegas; un importante número de magistrados de las distintas cortes, como Manuel Urueta y Carlos Orjuela Góngora, y varios notarios.
    ¿Que es la masonería?

    A pesar de todos los nombres conocidos que figuran dentro de la lista de sus miembros y de la importancia que tienen en las esferas mundiales de poder, la masonería sigue siendo un enigma en Colombia. Aun quienes han oído hablar de ella o conocen a algunos de sus miembros saben muy poco sobre qué son los masones, qué piensan, qué hacen, qué buscan y cómo actúan. Alrededor de ellos se han tejido innumerables mitos e historias. Ello se debe principalmente a que la masonería moderna ha sido considerada durante sus casi tres siglos de existencia como una sociedad secreta. Esta denominación no es gratuita ya que desde el nacimiento de la misma, en Inglaterra, sus fundadores le imprimieron este sello particular. En uno de los documentos en los cuales se encuentran los fundamentos de la masonería, los Antiguos Límites o Landmarks, se dice que “la masonería es una sociedad secreta”. La razón de ser de este precepto, según se explica en el libro Masonería y humanismo, publicado en Colombia en 1985 para consulta de miembros de la Orden, es que “se exige de todos sus miembros el secreto inviolable de todo cuanto hayan visto, oído o descubierto en ella. Además, es una sociedad en la cual hay una cierta cantidad de conocimientos que se comunican solamente a aquellos que hayan pasado por una forma de iniciación establecida, siendo la forma en sí misma oculta y misteriosa”.

    Es por esto que los masones prefieren mantener en secreto su afiliación y proceden con mucha reserva en sus asuntos. No obstante, en la actualidad las cosas han cambiado un poco. Existe tanta información pública sobre la masonería -sólo en Francia a comienzos de la presente década se habían contabilizado 54.000 títulos sobre la Orden- que son muy pocos los secretos masónicos que aún no han sido revelados por profanos (como los masones llaman a quienes no pertenecen a la masonería) o iniciados. La apertura les permite inclusive exponer sus símbolos ante los ojos de millones de personas y pasar inadvertidos. Gracias a todos estos cambios hoy se sabe que la masonería no es una religión, un partido político o una ideología; que los masones se agrupan en logias y que sus tres grados fundamentales son el de aprendiz, compañero y maestro (ver recuadro sobre la masonería por dentro). Los masones prefieren ser identificados como una sociedad discreta y definirse, en palabras de Gerardo Vargas, gran maestro de la Gran Logia de Colombia, como “una especie de escuela de liderazgo integrada por hombres libres y de buenas costumbres, basada en los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Los masones -asegura- somos la reserva moral del país”. En una reunión de la Confederación Masónica Interamericana, que se efectuó a comienzos del pasado mes de junio en Chile, se enfatizó este aspecto ético al declarar que “la masonería se entiende esencialmente como un sistema moral para el ordenamiento de la sociedad”. Pero la realidad de esta sociedad, llámese secreta o discreta de acuerdo con el ángulo desde el que se la mire, no es tan simple como parece.

    La masonería es una multinacional que puede ser comparada en su estructura, según el historiador Fabio Zambrano, con la Internacional Socialista o la Compañía de Jesús. Por eso es posible encontrar “personas libres y de buenas costumbres” -como suelen autonombrarse los masones- en la mayoría de países del mundo, identificados con un pasaporte especial en el que aparecen registrados sus datos y su historial masónico. Los masones están presentes en naciones de origen judío como Israel, en territorios islámicos como Egipto, en monarquías como el Reino Unido, en regímenes socialistas como Cuba, en países africanos como Togo o Senegal y en democracias como Estados Unidos. En este último, por ejemplo, los masones son legión. Algunos investigadores calculan que más de nueve millones de estadounidenses son masones con todas las de la ley. En América Latina son numerosos en Argentina y Brasil. No obstante, para algunos iniciados, el país con la masonería más importante y desarrollada de esta región es Chile. En Colombia se calcula que hay unos 1.500 masones practicantes y otros tantos que están iniciados pero que no asisten regularmente a los ritos.

    Aunque las bases y los principios de la Orden son iguales en cualquier lugar del planeta, la masonería, como institución, está lejos de ser un bloque monolítico. Todo lo contrario, es una organización con distintas vertientes, que en cada lugar donde hace presencia tiende a adoptar modalidades diferentes de acuerdo con las características del país en que se desarrolla (ver recuadro). En América, por ejemplo, dice el maestro masón Pedro Justo Villamizar, la masonería “se caracteriza por su decisiva y valiosa intervención en la libertad y en la política de los pueblos”. La masonería colombiana no ha sido ajena a esta particularidad de la región. Una prueba de lo anterior es el gran número de masones que han ejercido la Presidencia o funciones presidenciales a lo largo de la historia de Colombia (ver galería de presidentes masones), mientras que en Estados Unidos sólo ocho han llegado a ocupar este puesto en la Casa Blanca, entre ellos George Washington, Franklin Delano Roosevelt, Dwight Eisenhower y Ronald Reagan.

    Masonería a la Colombiana

    Los historiadores masones y no masones no han logrado ponerse de acuerdo sobre la génesis de la masonería en Colombia. Para los iniciados, quien impulsó a la Orden en el país fue Antonio Nariño, al crear en 1789 las ‘Tertulias literarias’, también conocidas como ‘Veladas del buen gusto’, que se transformarían años después en la logia El Arcano Sublime de la Filantropía. Para los profanos, Nariño fue una figura que conoció los principios, la simbología y los rituales masónicos pero, en su opinión, quien introdujo en forma esta sociedad secreta en la Nación fue el general Francisco de Paula Santander. Santander fundó en la clandestinidad un taller denominado Los Corazones Sensibles. Luego, en 1820, el general utilizó este grupo como base para conformar Luz de Colombia Nº 1, considerada por muchos investigadores como la primera logia masónica del país. Al “levantar columnas” esta logia, como llaman los masones al acto de ponerla en funcionamiento, comenzó a desarrollarse con rapidez la Orden. Al cabo de tres años ya existían 36 logias en el territorio colombiano. La importancia que tuvo la masonería en la independencia y en los comienzos de la vida republicana de Colombia es indiscutible.

    El pasado 19 de mayo otro masón, el historiador Germán Arciniegas, recordó en una columna en El Tiempo el destacado papel que jugaron las logias en la emancipación de América. En esa época todos los libertadores, incluido Simón Bolívar, eran masones (ver recuadros). Fueron los masones los que impulsaron, entre otras cosas, las primeras reformas educativas, la fundación de la Universidad Nacional de Colombia, la abolición de la esclavitud, la Constitución de 1863 y la prohibición de la pena de muerte.
    Para el historiador Zambrano la masonería en el siglo XIX fue “un espacio de sociabilidad política, de difusión de conocimiento y prácticas democráticas. Fue un espacio primero del liberalismo y luego se convirtió en el núcleo ideológico de todos los prohombres liberales del siglo pasado. Luego la masonería perdió protagonismo cuando comenzó la modernización del país. Se redujo su importancia, cambió su función y se convirtió en núcleos de poder muy especializados”. Un maestro masón, experto en la historia de la Orden y que prefiere mantener su nombre en reserva, no comparte esta idea. En su opinión, “en Colombia no hay focos de poder masónico claros debido a que la masonería colombiana no tiene, aparte de buenas intenciones, un proyecto claro de país”.

    Núcleos de poder

    La masonería, según un folleto sobre los principios de la Orden publicado por la logia Luz de Occidente Nº 19, de Cali, está “abierta a todos los hombres de toda nacionalidad, de toda raza, de toda creencia. Ella prohíbe en sus talleres toda discusión política o religiosa y acoge a todo profano, cualesquiera que sean sus opiniones en política y religión, con tal que sea un hombre libre y de buenas costumbres”. Este amplio criterio ha permitido que en la Orden ingresen, a lo largo de su historia, conservadores, liberales, comunistas, anarquistas y hasta sacerdotes católicos.
    La presencia de religiosos fue importante hasta comienzos de este siglo y los conservadores fueron un aporte de las logias costeñas. Aunque es posible encontrar personajes de diferentes vertientes políticas en la masonería _de los masones más queridos y recordado por sus hermanos en Bucaramanga es el médico Carlos Toledo Plata, dirigente del M-19_ la realidad es que la mayoría de iniciados en la Orden tienen ideas liberales o proceden del Partido Liberal. Esta situación fue evidente en la Convención Liberal de 1922, en la cual dos terceras partes de los delegados eran masones. La afinidad entre liberalismo y masonería, según dos investigadores del tema que prefieren mantener su nombre en reserva, se explica”por la tendencia de la masonería a reclutar políticos de influencia en el Partido Liberal a nivel regional y nacional”.

    Esta tendencia se ha mantenido, aunque no a todos los masones les parece una práctica aconsejable. Un maestro masón tolimense cree que “los políticos son un mal influjo para las logias porque son muy pragmáticos y no concuerdan con una institución de principios utópicos y altruistas”. A otro maestro la situación no le parece tan grave ya que son muchos los políticos que llegan y se aburren en la Orden debido a que “si uno no le encuentra la esencia, la masonería se vuelve un ejercicio muy aburridor. Ingresar es difícil pero salir es muy fácil. La ventaja que tenemos es que la masonería se depura sola”.
    A nivel regional, un caso de reclutamiento reciente que puede mencionarse es el de Carlos Ibáñez Muñoz, actual alcalde de Bucaramanga. En Santander la masonería tiene un gran arraigo y prestigio por cuenta de la labor que ha desarrollado en este departamento. Una prueba de ello es que tres de los últimos cuatro alcaldes de Bucaramanga son masones (Alberto Montoya Puyana, Alfonso Gómez Gómez e Ibáñez Muñoz). En sus gabinetes hubo varios masones y no se descarta que el próximo alcalde también lo sea. Ibáñez fue invitado a la masonería antes de presentarse como candidato a la alcaldía. Como cualquier otro profano pasó su solicitud de ingreso y la Orden investigó su pasado para ver si reunía las condiciones necesarias para ser iniciado. Este paso se retrasó por el trajín en el que se vio envuelto cuando lanzó su campaña. A los dos o tres meses de su elección, según Carlos Guillermo Martínez, masón y asistente personal del alcalde, “Ibáñez se inició en la Logia Estrella de Oriente Nº 8 y ha tenido muy buena disposición para los asuntos de la Gran Logia”.

    A nivel nacional la estrategia de algunas logias ha sido la de facilitarle el ingreso a personas conocidas con el ánimo de que se empapen de los componentes y principios de la masonería. José Blackburn, gerente de Telecom; Carlos Medellín, ex ministro de Justicia, y Mauricio Echeverry, ex encargado de la embajada de Colombia en Washington, son algunas de las figuras vinculadas a la política que han sido invitadas recientemente a vincularse a la masonería. Ninguno aceptó el ofrecimiento. A propósito de esto Blackburn dijo: “Siento simpatía por el trabajo de los masones pero decliné su invitación porque sé que no tendría tiempo suficiente para dedicarles”. Otros personajes políticos, en cambio, le dijeron que sí a la Orden. En estos momentos, por mencionar sólo dos nombres, están en estudio las hojas de vida del representante a la Cámara Carlos Alonso Lucio y del conocido actor de televisión y actual asesor de prensa de la Defensoría del Pueblo Jaime Santos. Ambos desean ingresar a la Logia Fraternidad Nº 8, de Bogotá. ¿Qué les estudian? Buscan comprobar si el aspirante es “una persona libre, honrada, de buenas costumbres y con buena reputación, mayor de edad, que disfruta de una posición honesta que le asegura medios de subsistencia y posee una instrucción suficiente para comprender los altos fines de la masonería”, según se explica en el folleto de una logia.

    Otra de las constantes dentro de la masonería en Colombia es la presencia de un gran número de abogados. La mayoría de los dirigentes masones identificados entre 1899 y 1938 eran egresados de escuelas de derecho. La razón de ello, según los mismos investigadores, es que “exista dentro de la masonería una mística por el derecho que los hace respetuosos de la ley, pero sobre todo unos convencidos de la idea del derecho como el instrumento más idóneo para moldear las sociedades o para determinar progresos sociales”. Este argumento permite entender por qué es tan numerosa la presencia de masones en universidades cuyo fuerte es el derecho, como el Externado de Colombia y la Libre, y en entidades como el Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Nacional Electoral y las nota-rías. Además de Manuel Urueta y Pedro Lafont se sabe que son masones los magistrados Carlos Orjuela Góngora, del Consejo de Estado, y Camilo Velásquez Turbay, del Consejo Nacional Electoral; el hasta hace poco viceprocurador Orlando Solano Bárcenas y los notarios Cesáreo Rocha y Alfonso Clavijo. También lo fueron el magistrado Luis Enrique Aldana, de la Corte Suprema, y el abogado Horacio Rodríguez Plata. Aunque es probable que la relación entre el Externado y la masonería no sea tan estrecha como se asegura, es un hecho que este centro académico fue fundado por miembros de la Orden y algunos de sus egresados más connotados fueron o son”hombres libres y de buenas costumbres”. Conocedores del tema aseguran que, para quienes han sido iniciados, el escudo de la universidad tiene un significado más allá de lo que parece representar a simple vista. Además ha habido varios connotados masones externadistas, como el ex presidente de la Corte Suprema de Justicia Crótatas Londoño, el penalista Rafael Poveda, el notario y ex secretario de la Universidad Manuel Cubides (ya fallecidos), los magistrados Alfonso Reyes Echandía y Manuel Gaona Cruz, asesinados durante la toma del Palacio de Justicia en 1985, y el constitucionalista Carlos Restrepo Piedrahita. Aunque en muchos círculos se asegura que el rector del Externado, Fernando Hinestrosa Forero, es masón, SEMANA pudo establecer en círculos cercanos a la masonería que nunca ha pertenecido a ella, aunque su padre, Ricardo Hinestrosa Daza, sí lo fue. Esto no quiere decir que la masonería sea un fortín exclusivo de los abogados. Si bien éstos son mayoría, en las logias también es posible encontrar personas de otras profesiones, como arquitectos, médicos, economistas e incluso militares.

    Política nacional y masonería

    A comienzos del presente siglo la masonería colombiana buscó tener en sus filas a personas destacadas que pudieran influir, desde el periodismo o la política, en el manejo del Estado. En procura de estos objetivos logró vincular a los periodistas Luis Cano y Enrique Santos Montejo (Calibán), al ex presidente Eduardo Santos, al escritor Luis Eduardo Nieto Caballero, al general Benjamín Herrera y al empresario Leo Kopp. Años después se unieron a este selecto grupo jóvenes figuras como Darío Echandía y Alberto Lleras Camargo y varios empresarios y profesionales de la floreciente comunidad judía. Con estas dos generaciones de masones, en opinión de los investigadores citados, “el liberalismo desmontó al Partido Conservador de las posiciones de poder y adelantó algunas reformas políticas y sociales”. Después de esta época dorada la masonería, según el gran maestro Gerardo Vargas, “se estancó durante por lo menos 50 años”. En 1983 hubo un enfrentamiento en el interior de la Orden, al que siguió una división que aún hoy se mantiene, que sólo sirvió para empeorar las cosas. Independientemente de la crisis interna que vivía, la masonería mantuvo sus contactos con el poder e incluso intentó formar la Logia Luz de Colombia, compuesta por figuras de primer orden que no llegó a funcionar y de la que hoy nadie quiere hablar. \
    De acuerdo con un maestro y alto dignatario masón, la Orden mantuvo “excelentes” relaciones con los gobiernos de los presidentes Julio César Turbay, Virgilio Barco y César Gaviria. Qué entienden ellos por “excelentes relaciones” es algo difícil de precisar por el secreto con que los masones manejan sus cosas. No obstante hay detalles que pueden servir de indicio de los vínculos que existieron entre unos y otros. Durante la presidencia de Turbay dos masones ejercieron como ministros delegatarios con funciones presidenciales. Uno de ellos fue Germán Zea Hernández, el abuelo de Fernando Botero Zea, y el otro Jorge Mario Eastman.
    Virgilio Barco no fue masón pero entre los hombres más allegados a su campaña estuvo el político santandereano Eduardo Mestre Sarmiento, quien es masón. En un reportaje sobre la masonería, publicado hace dos años en el libro Medellín secreto, se aseguraba que César Gaviria estaba a punto de ser iniciado. Pero nadie ha confirmado esta versión. Al parecer el asunto no pasa de ser una especulación relacionada con el hecho de que el papá del ex presidente, Byron Gaviria, fue masón y está enterrado en el Cementerio Libre, de Circasia, Quindío. Independientemente de esto, los masones piensan que el ex presidente conoce y entiende los principios de la Orden.

    Masones con Samper

    Con Ernesto Samper Pizano las cosas son a otro precio. El no es masón pero buena parte del grupo que lo respaldó durante la campaña presidencial o que lo ha acompañado durante su mandato sí lo es. Son masones Horacio Serpa, Eduardo Mestre, Carlos Villamil Chaux, Fernando Botero Zea, Luis Bernardo Flórez, Jorge Valencia Jaramillo, Jorge Serpa, el general (r) Camilo Zúñiga, Julio Andrés Camacho, Carlos Castillo, Jorge Gaviria, Fernando Corredor Gaitán, Evaristo Obregón, Mauricio Vengoechea y Antonio José Cancino, entre otros (ver galería de masones con Samper). También conocidos políticos como Alberto Santofimio Botero y Ricaurte Lozada Valderrama (este último expulsado de la masonería por hacer proselitismo político) pertenecían a la masonería. Esta fue la primera vez desde la época dorada de la masonería colombiana que tantos masones coincidieron en el poder.
    Durante la pasada campaña presidencial Ernesto Samper fue invitado, junto con la plana mayor de su equipo, a dar una conferencia en la sede de la Gran Logia de Colombia, ubicada en la calle 18 con carrera 5ª de Bogotá, en una casa donada a la Orden en 1917 por Leo Kopp. Ese día, según relató a SEMANA uno de los acompañantes del hoy Presidente, “a uno le daba la sensación de que Samper era el candidato de los masones”. Estos lo niegan. Un alto dignatario de la Orden dijo que la masonería, como institución, “no puede obligar a sus miembros a que voten o apoyen a una u otra figura porque si lo hiciera violaría uno de sus principios fundamentales: la libertad”. Para los masones la visita de Samper no se diferenció en nada de la que hicieron, también en calidad de candidatos, otros políticos, como Humberto de la Calle, Carlos Lleras de la Fuente y Antanas Mockus. Independientemente de este pronunciamiento es evidente la vinculación que hubo de algunos sectores de la masonería colombiana con la campaña que llevó a la Presidencia a Ernesto Samper. Como dato curioso, uno de los comerciales de la campaña, en el que Samper aparecía hablando de su plan de empleo, fue filmado precisamente en la sede de la Gran Logia en la calle 18.
    La vinculación de la campaña de Samper con los masones se hizo efectiva por dos canales: Julio Andrés Camacho y Horacio Serpa. Julio Andrés Camacho es el mejor amigo de Samper y pertenece a la Logia Murillo Toro, de Bogotá, una de las más antiguas de la capital y, en opinión de ciertos maestros masones, “la más influyente del país. Es la logia élite de la masonería colombiana, la logia caché”. Según Gerardo Vargas, gran maestro de la Gran Logia de Colombia, en la Murillo Toro hay 24 miembros activos y cotizantes, es decir, masones que cumplen a cabalidad con el trabajo y con las cuotas que solicita la Orden. Sin embargo una fuente cercana a esta logia sostiene que sus miembros pasan del centenar y son “gente influyente: políticos, rectores universitarios, ejecutivos, abogados, hombres de negocios. Personas que se ayudan muchísimo entre ellos. Si un masón necesita los servicios de un abogado busca a uno que sea miembro de la logia para que lo ayude”. Samper, según una fuente consultada por Semana, fue invitado varias veces por Julio Andrés Camacho a esta Logia durante la campaña, lo cual no es nada de extraño si se tiene en cuenta que varios miembros de su círculo más cercano pertenecen a ella.

    Horacio Serpa no es, según la fuente de Semana, del agrado de todos los miembros de la Logia Murillo Toro, pese a ser un masón, por su estilo descomplicado y populachero. Esto a él lo tiene sin cuidado porque, según la misma fuente, al igual que en la política, tiene el apoyo y el respeto de buena parte de la masonería del resto del país. Sus buenas relaciones fueron claves para poner a Samper en contacto con los masones de cada una de las ciudades que visitaron durante la campaña presidencial. Incluso, sostienen personas que estuvieron vinculadas a la misma, Serpa llevó al entonces candidato a una reunión en su logia, la denominada Faro Nº 6, de Barrancabermeja. ¿Qué pasó con la masonería después de la elección de Ernesto Samper?

    Es muy complicado seguirle la pista al papel que los masones han jugado dentro del actual gobierno. El año pasado, cuando se hicieron públicos los papeles de Fernando Botero sobre la estrategia para tumbar al fiscal Alfonso Valdivieso, se especuló con que Serpa habría hablado con los masones del Consejo de Estado y la Corte Constitucional para que lo ayudaran en este propósito. Por el resultado de la historia _ambos tribunales decidieron que el Fiscal permaneciera en su cargo_ es dudoso que la gestión del entonces Ministro del Interior haya sido real.Sí se sabe, en cambio, que los masones ofrecieron interceder ante los norteamericanos para impedir la descertificación de Colombia. Según una fuente que estuvo vinculada a la Casa de Nariño, durante el período crítico de la descertificación hubo una reunión entre la secretaria jurídica de la Presidencia y un grupo de masones que se ofrecieron para mediar ante sus hermanos estadounidenses en el Congreso de Estados Unidos. La intención de los masones era buscar un acercamiento a través del congresista Jesse Helms, quien es masón. Aunque el grupo efectivamente viajó a Estados Unidos, según la oficina del propio Helms, jamás lograron verse con él. Hubo también varios masones vinculados al escándalo del alemán Werner Mauss. Además de Horacio Serpa son masones su primo, Jorge Serpa, Eduardo Mestre y el ex director de la Caja Agraria Carlos Villamil Chaux.
    Más allá de todo esto es difícil precisar qué han hecho o han dejado de hacer los masones. El secreto con que trabajan seguirá siendo su gran aliado. Lo que sí se da por descontado es que no desaparecerán del panorama, mucho menos ahora que uno de ellos, Horacio Serpa, tiene grandes posibilidades de llegar a ocupar la Presidencia de la República. Los masones trataron de elegir a uno de los suyos como sucesor de Alfonso Valdivieso Sarmienton La masonería es una multinacional como la Internacional Socialista o la Compañía de Jesúsn Varios de los miembros de la campaña de Samper y de su gobierno son masonesn Los masones podrían llegar nuevamente al poder con Horacio Serpa.

    La masonería para profano

    La masonería moderna surgió en 1717 en Inglaterra cuando se fundó la Gran Logia Unida de Inglaterra, que es considerada por la masonería como la Gran Logia Madre del Mundo.
    Después de su aparición los masones han estado presentes en varios momentos claves de la historia: la Ilustración, la Revolución Francesa, la independencia de América y Norteamérica, la lucha contra las monarquías absolutistas, la abolición de la esclavitud, la unificación de Italia, la secularización y el laicismo en la enseñanza, la creación de la Sociedad de la Naciones y de la Organización de Naciones Unidas, la descolonización de Africa y Asia y, a partir de 1978, impulsaron el proyecto democrático de la Unión Europea.
    Los fundadores de los clubes Rotario y de Leones, los Boy Scouts, la Cruz Roja y Alcohólicos Anónimos fueron masones.

    La masonería anglosajona es deísta, es decir, cree en un principio creador y rector de todo lo que existe, una fuerza superior a la que denominan Gran Arquitecto del Universo. La masonería francesa, en cambio, se inclina más por la libertad de conciencia y acepta en sus filas a ateos declarados. Para unos y otros sus patronos son San Juan Bautista y los cuatro santos coronados.
    Los masones de todo el mundo reconocen tres grados fundamentales: aprendiz, compañero y maestro. Existen más de 150 ritos diferentes que confieren otros tantos grados después del de maestro. En Colombia el más practicado es el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que tiene 33 grados. Del 1 al 3, es decir, aprendiz, compañero y maestro corresponden a lo que se conoce como masonería azul. Del 4 al 18 se denomina masonería encarnada. Del 18 al 30 masonería negra y del 31 al 33 blanca o sublime. Adicionalmente cada grado tiene un nombre. Quien detenta el 33 por ejemplo, que es el máximo grado, se llama Soberano Gran Inspector General.
    El más importante de todos los grados no es el 33 sino el 30. Los tres últimos grados corresponden a niveles administrativos.

    Las ceremonias más importantes son las de iniciación, las fúnebres y las fiestas del 24 de junio y el 27 de diciembre, que coinciden con los solsticios de verano e invierno.
    El rito de iniciación consiste primero en una entrevista con tres maestros, después de la cual quien está a punto de iniciarse se somete a una serie de pruebas simbólicas. La persona debe primero colocar sobre una mesa todos sus objetos de valor en señal de desprendimiento. Luego se le vendan los ojos y se le aísla en un cuarto oscuro, donde se encuentra un esqueleto para que el aspirante reflexione sobre la vida y la muerte y un gallo que simboliza el despertar del profano a la luz.

    Los símbolos masónicos más conocidos son la escuadra, el compás y el triángulo. La escritura que se ve en sus textos, letras mayúsculas seguidas de tres puntos, se denomina tripuntuada, data del siglo XVIII y tiene unas reglas propias.
    Los masones han sido perseguidos a lo largo de la historia por la Iglesia Católica, el franquismo, el comunismo, el fascismo y el nazismo. La Iglesia Católica ha excomulgado a los católicos que ingresen a la Orden en 16 ocasiones. En la actualidad, según el padre Carlos Mario Alzate, director de Ecumenismo y diálogo interreligioso de la Conferencia Episcopal, “se mantiene la prohibición para los creyentes de militar en una organización que maquina contra la Iglesia y cuyos principios son contrarios a la fe, al menos en la práctica”. Quienes incumplan esta prohibición e ingresen en una logia quedan automáticamente excomulgados.
    Simón Bolívar, a pesar de ser masón, en el siglo XIX prohibió la masonería y todas las sociedades secretas después de la noche septembrina, cuando trataron de asesinarlo. Luego hubo tres intentos de hacerla desaparecer en el siglo XX. Su mayor enemigo fue Laureano Gómez, quien, casualmente, se salvó en una ocasión de m

  2. Que los masones cuando tuvieron el poder propiciaron la expulsión de los jesuitas y el control fiscal a los tesoros de la iglesia, que fueron grandes impulsores de la educación laica y la libertad de cultos, que sus principios de igualdad y fraternidad fueron hábilmente manipulados para ser expuestos como lineamientos del más arraigado comunismo (de paso sentenciando sus respectivos paralelos con el ateísmo y las prácticas demoníacas), son, y siguen siendo, los soportes sobre los cuales la sociedad mira con cierto sentimiento de precaución y celo la presencia de las logias masónicas y sus integrantes.

    Pero muy poco es lo conocido y lo publicitado sobre los positivos alcances que esta fraternidad ha impulsado desde su seno, pues en la discreción que le es natural a sus principios y líneas de conducta, la exhibición de sus hechos y del perfil de sus miembros se constituye en una violación de sus normativas éticas y de conducta.

    Por esta razón, el ahondar en los alcances que en materia de democracia, manejo de la cosa pública, acciones y logros ejecutados por miembros de la masonería que en nuestro país alcanzaron los grandes altares del poder y en este caso en particular, la presidencia de la república, mas que un argumento para desarmar contradictores, se constituye en un paso necesario hacia la proyección de esta confraternidad de constructores de equidad y de buenas costumbres.

    LOS MASONES Y LA LIBERTAD
    La libertad hace parte de una de las columnas que fundamentan la existencia de la masonería. De ahí que es apenas natural que grandes cambios en la vida política de las sociedades del mundo flamearan a instancia del vaho inspirador que desde esta sociedad secreta tejieran sus miembros.

    Así pues, la revolución francesa y una de sus hijas predilectas: la declaración universal de los derechos del hombre, tuvieron su natural origen en el seno de decenas de tenidas en las que libre pensadores como Rousseau, Montesquieu, Voltaire, D’Alambert, Víctor Hugo, entre otros muchos masones, expusieron sus ideas y las maneras de que ellas convergieran a favor de la transformación de la sociedad que adolecía de una dirección que orientara sus reclamos y propiciara las urgentes transformaciones.

    La llama de libertad de los pueblos de América fue atizada en la fragua de distintas logias como quiera que, por ejemplo, para citar dos casos particulares, Benjamín Franklin IV y George Washington pertenecían respectivamente a las logias San Andrés (Boston) y Alexandría Número 22, donde este último era su Venerable Maestro y de la que hacían parte 20 de los 29 generales del ejército patriota norteamericano.

    En América Latina, y de manera particular en Colombia, la masonería se instauró oficialmente en el año de 1793. A instancia de Antonio Nariño y del médico francés Louis de Rieux, se funda en Santafé la primera sociedad secreta “El Arcano Sublime de la Filantropía”, con el único propósito de difundir en el Nuevo Reino de Granada las ideas de libertad y justicia social que proclamaba la confraternidad masónica universal.

    Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, Camilo Torres, José de San Martín, Bernardo O´Higgins y Francisco de Miranda, reconocidos luchadores e impulsores de la independencia, fueron todos masones y bajo el sigilo del templo, dirimieron sus ideas y orientaron su lucha a favor de la gran misión libertaria.

    CONSTRUIR REPÚBLICA
    Aunque, a decir verdad, no siempre las condiciones dictadas a la luz del quehacer fraternal soplaron en una misma dirección, el ejercicio intelectual de sus miembros cumplió a cabalidad con la misión de construir y afianzar los cimientos de la naciente República de Colombia.

    De hecho, no fueron pocas las veces en que el barco se sintió a punto de naufragar y en ese huracán de ideas, muy bien caricaturizado como la “patria boba”, se registraron contradicciones de todo orden entre los miembros de las distintas logias que en sendos puntos de la geografía naciente buscaban sus propias fórmulas para orientar las políticas públicas de gobierno.

    Así, por ejemplo, tras el fallido intento de asesinato en la llamada conspiración septembrina, Bolívar relacionó la participación de Santander en el acto y dedujo que en el seno de la llamada logia “Filológica” de Bogotá era en donde se había fraguado ésta, por lo que en su calidad de mandatario ordenó el cierre y la prohibición de todo tipo de confraternidades secretas, entre ellas las mismas logias masónicas.

    Tras la muerte de Bolívar y con la fundación en Cartagena del Supremo Consejo Neogranadino del grado 33 y bajo su protección, hubo una amplia acción a favor de los ideales masónicos y a lo largo del país se levantaron las columnas de un importante número de talleres en donde figuras de la talla de José María Samper, Salvador Camacho Roldán, Jorge Isaacs, José Manuel Marroquín, el General José María Melo, Tomás Cipriano de Mosquera, Pedro Alcántara Herrán y Aquileo Parra, muchos de ellos que alcanzaron la presidencia de la república, dejaron una amplia huella en el devenir histórico nacional.

    EL RASTRO MASÓNICO
    Muchas han sido las acciones que bajo la luz de una tenida masónica, son hoy ejemplo del pensamiento y la acción de estos hombres inspirados en la misión de construir una obra perdurable para bien de la sociedad. Prueba de ello se registran en el balance histórico dejado por algunos masones que, desde las altas esferas del poder, brindaron sus esfuerzos en esta tarea, por lo que siguiendo el rastro del balance de algunos ex presidentes masones, podemos calificar la labor que la Orden ha dejado en la construcción del país.

    Antonio Nariño
    Desde muy temprana edad se destacó por el liderazgo y sus ideas, de manera que con apenas 24 años ya tenía sobre sí el primer nombramiento importante en su carrera como alcalde de Bogotá. Vendría luego la destacada tarea de traducir y hacer pública la declaración de los Derechos del Hombre, lo que le valió la cárcel y prácticamente el exilio.

    A su retorno hizo parte del ejército patriota y aunque como guerrero no gozó de muchos éxitos, su trabajo intelectual y administrativo le ganó la confianza de Bolívar quien lo nombra Presidente de la Nueva Granada, con el encargo sustancial de liderar la redacción de la primera Constitución Nacional.

    José María Castillo y Rada (1828)
    Reconocido por su amplio bagaje intelectual, hizo parte del triunvirato que tuvo bajo su cargo la dirección de los destinos nacionales y desde allí lideró hasta el cansancio la necesidad de terminar con las guerras interinas que estuvieron cerca de derrumbar todos los logros libertarios alcanzados hasta entonces.

    Una de las frases de amplio calado que expresara al ser promovido a estudiar leyes dicta: “Dicen que la jurisprudencia es la ciencia de la justicia, y yo rara vez encuentro la justicia en las leyes. A pesar de todo estudiaré derecho, no por el deseo de ejercer una profesión que repugna a mi conciencia, sino guiado por la esperanza de poder servir algún día a mis semejantes.”

    Simón Bolívar (Presidente de la Gran Colombia hasta 1830)

    El título otorgado por la Constitución de Mérida de “Libertador” sería un mérito de sobradas razones para advertir el alcance de su gran obra. Sin embargo, deteniéndonos un poco en los anales de la historia encontramos toda una sumatoria de hechos, tanto en el campo de la guerra como en el de las ideas, donde se perfilan los alcances que la siembra de ideas de marcada línea masónica, perfilaron en su alma y en su mente la definición de su porvenir.

    Así, la semilla de igualdad y fraternidad que sembrara en su mente su tutor y profesor, el también masón Simón Rodríguez, dio sus frutos en la consecución de una misión que lo haría el libertador de cinco futuras naciones.

    Francisco de Paula Santander
    (Presidente de la Nueva Granada entre 1832 y 1837)

    Su misión, una vez coronadas las justas libertarias, se orientó hacia la consolidación de una democracia fortalecida al tenor de las leyes.

    Ejerciendo como presidente su mayor preocupación fue la educación, entendiendo que un pueblo sin conocimiento es un pueblo condenado a ser esclavo de su ignorancia.

    Con un marcado lineamiento laico, durante su gobierno se pasó de 358 escuelas primarias a 1150, además de crear los llamados colegios mayores (hoy universidades).
    Domingo Caicedo (presidente encargado 1831)
    Designado primer ministro por el Libertador Simón Bolívar, tras la fallida noche septembrina, ocupó en varias oportunidades la vicepresidencia y tras la renuncia de Bolívar, durante unos pocos meses la presidencia. Como jurista y vicerrector del Colegio Mayor del Rosario, su preocupación por la educación y la demanda intelectual fueron sus principales bastiones.

    José Ignacio de Márquez (1837 – 1841)
    Este político boyacense es considerado como el Presidente de Colombia más respetuoso de la democracia en su más pura denominación. Libre pensador, su tarea fundamental la orientó hacia la organización de la Hacienda Pública y la construcción de escuelas, colegios y bibliotecas. Las medidas tomadas contra el libre manejo de los recursos de la iglesia, generaron la llamada “Guerra de los Conventos”.

    Pedro Alcántara Herrán (1841 – 1845)
    Fue en esencia un mediador entre el radicalismo de algunos liberales y la extrema derecha conservadora, por lo que durante su gobierno, además de promulgar la Constitución de 1843, debió recurrir a medidas extremas como la censura a la prensa y el retorno de la educación a la iglesia católica. Facilitó el regreso de los jesuitas al país lo que le valió la enemistad de sus compañeros de bancada.

    Tomás Cipriano de Mosquera
    (Presidente de la Nueva Granada entre 1845 y 1849). También fue presidente de los Estados Unidos de Colombia 1861-1864 y 1866–1867).

    Fue uno de los políticos y gobernantes de mayor reconocimiento en el siglo XIX. Entre sus muchos logros se destacan la implementación del sistema del libre cambio y la apertura comercial, el impulso a la navegación por el Río Magdalena y la construcción del Capitolio Nacional.

    Promulgó la ley de manos muertas que le permitió expropiar una importante cantidad de tierras y bienes a la iglesia.

    Dirigió las acciones hacia la federalización del país, creando Los Estados Unidos de Colombia y disolviendo La Gran Colombia. Expulsó a los jesuitas del país.

    José Hilario López (Presidente de la Nueva Granada entre 1849 y 1853)
    Liberal en todo el sentido de la palabra, fueron muchos los alcances de su gestión como presidente. Retornó la libertad de prensa. Durante su gobierno de inició la Comisión Coreográfica, suprimió la pena de muerte y la prisión por deudas y su más destacado logro, decretar la libertad definitiva de los esclavos.

    José María Obando (Presidente de la República de Colombia 1853 – 1854)
    Su labor pasó casi inadvertida por causa de la guerra entre centralistas y federalistas que finalmente terminaron por tomarse el poder ante su negativa de imponer una dictadura en Colombia.

    Eustorgio Salgar (Presidente del 10 de febrero de 1863 al 14 de mayo de 1863 y entre el 1 de abril de 1870 y el 1 de septiembre del mismo año)

    Es el gran propulsor de la educación en Colombia. Decretó la gratuidad de la educación. Un mensaje expreso a los miembros del Senado da fe de la calidad de su proyecto político:
    “Un pueblo que vive en el oscuridad está sujeto a la opresión y a la anarquía. La ignorancia es un enemigo público que debe ser combatido con todo el poder del gobierno bajo cualquier forma que se le presente. A la ignorancia se persigue con el mismo derecho con que se persigue al crimen, que es una de sus manifestaciones”.

    Manuel Murillo Toro (Presidente entre 1864 a 1866 y 1872 a 1874)
    Llamado el campeón de la libertad y el derecho, consideró que todo acto de gobierno debe ser conocido por el pueblo y creó “El Diario Oficial”, que desde entonces sigue publicándose. Inauguró el sistema telegráfico en todo el territorio nacional.

    Los últimos veinte años del siglo XIX registraron la presencia de varios presidentes que en medio de las luchas interinas ocuparon este cargo durante muy poco tiempo. De ellos, los siguientes fueron masones: Santos Acosta, Salvador Camacho Roldán, Aquileo Parra Gómez, Julián Trujillo, Sergio Camargo, Manuel María Ramírez, Francisco Javier Saldúa, José Eusebio Otálora y Ezequiel Hurtado.

    Eduardo Santos (Presidente de la República de Colombia entre 1938 y 1942)
    Su trabajo se orientó especialmente hacia el agro y la salud, promoviendo acciones de reforma agraria y construcción de hospitales. Creó el Instituto de Crédito Territorial. Estableció el descanso remunerado de domingos y festivos. Aprobó el sindicalismo. Fundó la Radiodifusora Nacional y la Escuela de Policía General Santander.

    Darío Echandía Olaya (1943 – 1944)
    Fue considerado como un excelente conciliador. Sus medidas siempre buscaron la concordia y el retorno a la civilidad en medio del caos y la violencia partidista. Defensor de la democracia, prefirió deponer sus intereses personales a los del partido y siempre estuvo atento a encontrar fórmulas para la paz.

    Alberto Lleras Camargo (Designado presidencial 1946–1947, Presidente de la República entre 1959 y 1962)

    En su primero y corto mandato se destacó por su notoria gestión internacional. Fue el creador de la Flota Mercante Gran Colombiana.

    En su segundo mandato le correspondió iniciar el ciclo del llamado Frente Nacional.

    Aprovechando sus contactos internacionales, impulsó con el gobierno de los Estados Unidos la llamada Alianza para el Progreso que fomentó la reforma urbana y la construcción de vivienda popular en varias ciudades del país.

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