La “mano negra” Rafael Nieto Loaiza | Publicado el 3 de julio de 2011 en el Colombiano

 

Dijo que los guerrilleros son la “mano negra de la extrema izquierda”. Después se despachó contra “la mano negra de la extrema derecha, la que no quiere que se repare a las víctimas, la que no quiere que se restituya a los campesinos, la que quiere exagerar la inseguridad en el país, para decir que este país es un caos”.

Entiendo que resucitar la “mano negra” es una estrategia que busca centrar la atención de los medios en los críticos del Gobierno y no en los hechos. Defenderse atacando. Pero salió mal por varias razones.

Primero, porque equipara a los violentos, a los terroristas, con aquellos que no lo son. Negar que ha habido violencia de extrema derecha sería una estupidez, por supuesto. Ahí estaban los “paras” (las bandas criminales no son lo mismo. No tienen propósito contrainsurgente ni ideología). Pero ni a los “paras” ni a las “bacrim” las nombró el Presidente. En todo caso, mucha distancia va de guerrilleros, paramilitares y bandas criminales a quienes, si se le quiere conceder al Presidente, no quieran restituir a los campesinos o reparar a las víctimas o exageren la inseguridad del país. Santos trata igual a quienes disienten de su gobierno y a los violentos. Y hay un abismo entre ellos: los disidentes actúan en el marco de la ley y cumplen un papel fundamental en la democracia. Los violentos son criminales.

Después, porque la comparación no sólo es injusta sino peligrosa: estigmatiza a quienes tienen opiniones que pueden ser, si se quiere, políticamente incorrectas, o al menos contrarias a la opinión predominante, y los pone en la mira de los violentos. Una actitud contraria al talante liberal que predica Santos. La misma que en su momento generó críticas, justas por cierto, a Uribe.

Además, porque intenta ocultar la realidad, en lugar de asumirla. Y la verdad es que hay un deterioro de la seguridad. Aun si concedemos que las cifras de homicidios han mejorado, otras, como las de masacres, secuestro y extorsión, se han incrementado. Y mucho. Si ello no fuera suficiente, la sensación de inseguridad está empeorando. Eso son hechos, no un propósito de la “mano negra”.

Finalmente, porque lo que debe hacer el Presidente es encarar el problema y no denostar a sus críticos. Para empezar, porque Santos fue elegido precisamente porque era la garantía de la continuidad de la seguridad democrática. No hubo ninguna otra razón y él, no tengo duda, lo sabe. Lo único que la opinión no le va a tolerar a este Gobierno es un deterioro en la seguridad, la conquista más preciada de la sociedad y el motivo del éxito de la administración pasada y de la popularidad de Uribe.

Santos está dando muestras de intolerancia frente a quienes lo controvierten. Primero regañó al senador Aurelio Iragorri por decir que la seguridad es un desastre en el Cauca. Los hechos le siguen dando razón al senador. Después, tuvo, por motivos similares, una fuerte controversia con la gobernadora de Córdoba. Y sé que se molestó muchísimo con unos petroleros que, desesperados porque no había respuesta oficial a sus quejas por el deterioro de la seguridad en su área de operaciones, compartieron sus preocupaciones con el Presidente.

Ese no es el camino. Santos, que ha mostrado flexibilidad en casi todo, está asumiendo una posición de terquedad y negación en materia de seguridad que no sólo es desconcertante sino muy riesgosa.

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